Thursday, August 18, 2005

Hombres Triunfadores

“Hombres Triunfadores”

En alguna ocasión, platicando con un hombre de 80 años me decía que; a su edad sentía no haber podido triunfar en la vida, ya que siempre se sintió muy “corto” para hablar y siempre le fue difícil relacionarse con la gente, si bien, trabajó toda su vida en diversos lugares, nunca pudo ser verdaderamente un triunfador, al menos esa era su percepción. Esta platica continuó por varias horas, durante la cual supe que en su matrimonio, procreó a 8 hijos, ahora todos casados y hechos hombres y mujeres de bien, contaba con 26 nietos a los cuales adoraba y con quienes pudo experimentar la “paternidad irresponsable”, además, había festejado ya sus bodas de oro con su único y verdadero amor; Su esposa, tiempo durante el cual había vivido una relación de pareja que, al escuchar su historia, no pude evitar envidiarle. Vivieron penalidades de salud con una de sus hijas a la edad de 11 años (ahora ya casada), sufrieron la perdida de otra de ellas en edad adulta, así como la de una nieticita a la edad de 5 años, pero también vivieron momentos de mucha dicha, como vivir 11 años en otro país donde procrearon a 4 de sus hijos, disfrutaron al ver la graduación de ellos, y el nacimiento de cada uno de sus nietos, y ahora ven y disfrutan con calma sus frutos, frutos que cosechan después de 55 años de sembrar. Este hombre, también mostró ser un modelo de esposo, respetuoso, responsable y cariñoso.

Por ello, creo que la sociedad actual, nos impone modelos de hombres triunfadores que están muy lejos de los verdaderos ejemplos de triunfo, ya que, el ejemplo de este hombre, debiera ser el del verdadero triunfador, un modelo para la mayoría de los seres humanos que pasamos por este mundo, y cuando al final de nuestro camino, volvamos la vista atrás y nos demos cuenta que lo que hicimos nos permitió trascender en la vida, aun cuando los logros realizados no sean los que el mundo nos aplaude y reconoce. Esto quizás se deba a que estamos demasiado acostumbrados a verlos de forma normal, común, o porque la influencia Hollywoodense se hace presentes en nuestros parámetros para medir el triunfo.

Hay una anécdota del Nóbel de física Alberto Eainsten que cuenta que; En cierta ocasión, recién recibido el premio Nóbel, visitó una Universidad Norteamericana para ofrecer una charla improvisada, la primer pregunta que recibió del joven auditorio fue: “Para Usted que ha significado tener éxito en la vida” cuentan que el director de la Universidad se sonrojó al escuchar una pregunta que nada tenía que ver con la Teoría de la Relatividad...... El físico, con la paciencia que siempre lo caracterizó respondió: “Para la mayoría de las personas, el éxito en la vida consiste; En todo lo que podemos arrebatarle a la vida, por ejemplo, un auto lujoso, un yate, una residencia, un titulo universitario o una gran empresa. Pero yo, después de haber vivido de la forma como lo he hecho, sé que el verdadero éxito no es eso, sino lo contrario, es decir, éxito es: Todo lo que le hemos dado y regalado a la vida, como: hijos, trabajo, amor y trascendencia o una teoría de física, eso, para mi, es el significado del verdadero éxito”.

A veces los triunfadores no son aquellos a los que todo el mundo aplaude y reconoce, no son los que construyeron grandes obras, dejaron constancia de su liderazgo o viajaron en primera clase, tampoco los administradores geniales, ni los visionarios del futuro o los grandes emprendedores. Por ello, tal vez no los reconocemos en medio de tanto pensador, filósofo o tecnólogo, que conducen a este mundo por la senda del progreso.
El triunfador no es nada mas el negociador internacional, o el hacedor de empresas de clase mundial, no es el que se afana por exportar mucho, sino el que todavía se importa a sí mismo. Puede ser también el que calladamente lucha por la justicia, aunque no sea un gran orador o un brillante diplomático, o el que venció la ambición desmedida y no fue seducido por la vanidad o el poder. Es triunfador el que no obstante que no viajó mucho al extranjero, con frecuencia hizo travesías hacia el interior de sí mismo para dimensionar las posibilidades de su corazón. Es el que quizás nunca alzó su mano en el podium de los vencedores, pero triunfó calladamente en su familia, con sus amigos y los cercanos a su alma.
También, triunfador no es aquel que ha tenido múltiples mujeres y las ha dado de todo, sino aquel que fue capaz de tener una sola y haberse dado todo a ella. Es, quizá, el que nunca apareció en las páginas de los periódicos, pero sí en el diario de Dios; el que no recibió reconocimientos públicos, pero siempre obtuvo el de los suyos; el que nunca escribió libros, pero sí cartas de amor; el que pensó en redimir a su país a través de la asfixiante aventura de su trabajo común y rutinario, o aquel que prefirió la sombra, porque no gustaba de los reflectores.
A veces el triunfador no es el que tiene una esplendorosa oficina, o una secretaria ejecutiva, no hace planeación estratégica ni elabora reportes o evalúa proyectos, pero su vida tiene un sentido, un proyecto, una planeación con su familia, tiene tiempo para sus hijos y encuentra fascinante disfrutar de la hermosa danza de la vida.
Otras veces el triunfador no es el que pasa a la historia, sino el que hace posible la historia; el que encuentra gratificante convencer y no sólo vencer. El que sabe que aunque sólo vivirá una vez, si lo hace con maestría, con una vez le bastará.
El triunfador no tiene que ser el que construyó grandes andamiajes y estructuras administrativas, pero supo cómo construir y administrar un hogar; no es el que tiene un celular, pero platica con sus hijos, no tiene e-mail, pero conoce y saluda a sus vecinos, no ha ido al espacio exterior, pero es capaz de ir hacia su espacio interior, y sin haber realizado grandes obras arquitectónicas, supo construirse a sí mismo
Las personas que han dado muestras de ser triunfadoras pueden ser Teresa de Calcuta, Francisco de Asís o Nelson Mandela, o tal vez la enfermera callada, el empleado sencillo y el campesino olvidado, porque como personas triunfaron sobre la apatía o el desencanto y con su esfuerzo cotidiano establecieron la diferencia, o también ser el carpintero pobre de un lugar ignorado, o una mujer sencilla de pueblo o un niño humilde que nació en un pesebre, porque no había para él lugar en la posada...
Es un triunfador aquel que puede cerrar los ojos cada noche con la tranquilidad de saber que amó, que pudo dar paz y que llevó bienestar a otros cuyas almas estaban inquietas, o aquel que puede encontrarse en el abrazo y en los latidos de su hijo y siente que se ahoga con esa emoción, aquel que reconoce que tiene una misión e intenta descubrirla aún cuando la oscuridad lo enceguece, aún cuando la niebla cubre su camino y no sabe si éste continua o termina allí, o el que tiene las manos cálidas para aferrarse a la vida y el corazón abierto para dejar entrar en él a todos, aún a aquellos que pueden llegar a lastimarlo.
Es un triunfador aquel que sueña y se entrega, aquel que pudo levantarse una y otra vez y que apostó a la vida una y mil veces y dejó de lado su dolor para aliviar el dolor de quienes ama. Aquel que puede con los años perder el miedo al sentir que se acerca a la última estación y se alegra al leer el cartel que vislumbra ya que en él se resume su vida........ Su triunfo.

2 Comments:

Blogger LaGuNeRa said...

Hay Carlitos, no tengo palabras, escribes... hermoso!

10:46 AM

 
Blogger minina said...

Todos los hombres mueren, pero no todos viven...

Creo que el triunfo se mide no en base a lo que logran los demás, sino a qué tanto de lo que pudimos soñar, nos atrevimos a realizar.

Y al final de tus días poder decir que nada se quedó sin intentar, que nadie se quedó sin mi amor, que nadie sintió mi rencor.

Es morir y decir que triunfé.

3:31 PM

 

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